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Terra
La Coctelera

Nacer de nuego

Nacer de nuego

Siempre el silencio

Siempre el silencio

Siempre el silencio y la luna de medianoche

Colgando de las vértebras de este fatídico

Calendario. Desde siempre el pecho combate

Contra la distancia, esa que sólo se ve

A través de las ventanas y la joroba

De la estribaciones, esa que está ahí enredada

En mi propia tempestad humana.

Lejos hoy el lenguaje en su levedad de pluma;

Y en cambio una pesada puerta de hipnosis.

La vida nos aventó como una ola para

Reventar nuestros pechos en la sal del tiempo:

ni uno ni el otro escapó del vértigo;

La sangre en su resignado espacio,

Perdió el prodigio de los arco iris. Sólo existe

En nuestra propia alacena de las manos:

Silencios prolongados, y lo peor, hicimos

De ese silencio adusto una férrea armadura

Como un artificio para ocultar la aventura del cierzo.

pero el silencio se vuelve una agonía

En la propia respiración: la noche tendida

En los sueños torna oscura la raíz del día

Y los signos de la luz cambian a cirios funerarios.

Es esto lo que hicimos del aliento y el deseo.

El aire muerde los ojos mientras uno contempla

La voz ensimismada de los pasos que no fueron:

Fue un poco caminar de espaldas;

Y en los zapatos la zozobra, el agua convirtiendo

El aliento en catástrofe, el mundo hablando

Por nosotros en medio de calles de populosa neblina.

Nunca el silencio se construyó a falta de palabras,

También la inmovilidad de las pupilas,

Pronunció al aire su discurso de murmullos

Encadenados. También la sonrisa bajó su propia

Intensidad de marea y los senos dejaron

De alumbrar el camino hacia la boca del fuego.

De hoy a mañana el lenguaje es la herida.

Los recuerdos son hangares de galopes o,

Sencillamente, abejas masticando las pupilas.

Para mañana arrastraremos un día cansado:

Tendremos nubes y piedras en la lengua, y hasta

Unas manos demasiado frágiles para sostener

El mundo. Pero es lo que plantamos. Y nada

Es ya cierto cuando las campanas han perdido

El suspiro y el pabilo del alba cuelgan

Como un crucifijo en banderas de incierta

República. Es lo que tenemos: miseria en vez

De palabras; bolsillos sin monedas;

Vagones sin una gramática precisa; lienzos, diría,

De una risa sin luciérnagas, de trenes sin rieles

Por donde el aliento sangra y nunca amanece.

Tu mirada también es silencio

En la yema de mis dedos, pero tu ombligo

Se ha quedado pegado a mis retinas…

Barataria, 16.XII.2008

Asombro

 

 

Asombro

 

 Todas las mañanas, con  frío en los huesos,

Camino  esta calle empedrada con olor mirto.

Es la misma calle y, sin embargo, cada día

Es diferente: es otro pañuelo fragante el que

Se divisa en el horizonte. Es otro albor del aire.

Los pájaros hechos un nido de murmullos,

Dejan las ramas para al zar su vuelo.

Yo me quedo, por un rato, alimentándome

Con su vuelo: fuerte es su plumaje, denso.

-Es como si su respiración desnudara la sangre

Que atraviesa mis venas y mis sienes.

 Hay un poema real en este gajo de ventura;

La fantasía es tan poderosa como la transpiración

De Dios en estos confines donde las muchachas

Todavía son obedientes y el futuro

No es un dilema  de fuegos artificiales.

De pronto los recuerdos fieles, son un

Delantal blanco en mis manos de obrero.

De pronto la calle es un camino de sutiles

Ceremonias donde el pan francés o la tortilla

Dan sensación de hambre. De pronto el humo

Del café gotea en los labios o se abre paso

En el poyetón improvisado en la calle.

En alguna esquina las palabras parecen

Interminables: cada transeúnte

Se abre a los ojos de la memoria

Y a los espejos que repiten su huidiza

Mirada. Camino y aspiro el aire de las cosas

Sencillas: el hervor de cada página, la hoja

De almendro intensamente tierna para luego

Caer como alfombra sobre la tierra.

En el polvo de la mañana se pierden

Las luciérnagas y en cambio tenemos

El canasto con verduras y la fidelidad de los perros,

Oliendo los zapatos de cada transeúnte.

 Cuando el día termina su faena y la noche

Vuelve, los ángeles suben al tejado

Para resguardar los sueños que harán

Posible el trajín del siguiente día.

Todas las mañanas con frío en los huesos,

La sal de la sonrisa se vuelve suculento

Éxtasis: el aliento comparte el mantel

De las palabras y la razón,  ese destino

Benevolente de confiados ventanales...

El reloj palpita en su misterio celeste, mientras

Esa calle de todos los días, es un enjambre

De alelíes luminosos

Que me hacen divagar en tembloroso vuelo...

Barataria, 12.XII.2008 

Irracionalidad-André Cruchaga

Irracionalidad

Sigo. Seguir es mi única esperanza.
Seguir oyendo el ruido de mis pasos
con la fruición de un pobre lazarillo.

CLAUDIO RODRÍGUEZ

Irracionalidad tal vez, este ferrocarril en las sienes,

Subiendo y bajando como una mariposa en desuso.

Tropeles en los cascos del agua, voces caducas sobre

Moscas sin alas, al pie de lo putrefacto. Al pie

Del talpetate hosco de confusos pétalos, al pie de todo

Este calabozo de buganvillas ajadas por el sepia.

Alambradas habitan en el patio de los ojos, instantes

Que congelan el rocío y la saliva. Hay de todo, menos

Ángeles en los intervalos de diciembre, menos paz

Que haga transparente las piedras de unos brazos

Ascendiendo al aire del alma, al pesebre de indudable

Lógica. Al parecer el principio de la duda no responde:

—Tienen más preponderancia los cadáveres;

El amor es idéntico a una vajilla de porcelana:

Su piel se hizo para no soportar el tiempo, al mínimo

Trajín su esplendor termina como un rostro visto

Sobre espejos donde han pasado cascos repetidamente.

El tiempo conduce a luciérnagas sin noches. Es cierto.

Mi cara se pierde en su falaz audacia. La edad honda

Que extravió sus raíces en el ahogo de una pared

Goteando lágrimas de vocales sin sol, ni luna.

En los labios llora la canela del vejamen o el olvido:

Es igual a estar proscrito dentro de una servilleta

Empapada de salmuera. Desembarco en la oscuridad

Con unas manos sin sábanas, ni azúcar mirando la cara.

Los sueños almacenan irritadas pupilas y caballos

De súbitos tropeles y paisajes donde el miedo enhebra

Agujas y mares sin esa dimensión intacta de la espuma.

Una y otra vez el ojo no cabe en los periódicos,

Ni en los titulares que ahogan de un plumazo las pupilas:

—cada vez los cadáveres nos respiran con su túnica

De tierra, cada vez es más fácil ser camello en este

Calendario sordo donde la moral cabe únicamente

En la nevera de los porcentajes que abrigar los párpados

En una rendija del bolsillo.

Al final mi boca envejece en su propio silencio.

El amor, la vida, en los cajeros del gravamen:—El amor

En sí mismo cotizado en las fornicaciones del aire.

El amor en los cosméticos enfermos de la Bolsa;

Y yo esperando sábanas como catedrales para cubrirme

De la intemperie; yo esperando junto al agua

La ternura reluciente de las ventanas: la ciudad plena

De tu respiración, donde igualmente crecen los pájaros.

Pero aquí, la materia con ácidas cruces, los litorales

Del sobresalto, el mundo con revólveres al cuello: poco

Nos queda por hacer cuando el labio reseco patea la sangre

Y el humo flota como fuego en el cuerpo.

Vos y yo perdimos las agallas, y ese aire de espigas

Necesario para hacer un arco iris de nuestras íntimas

Ráfagas. —Ahora, cierto, nos une el despojo que deja

La palabra en los periódicos: nos deja un desierto sin camellos

Y el cactus donde florece la indiferencia del agua.

Irracionalidad, tal vez, la piedra de la noche

En nuestras lenguas doloridas —o esa porfía de querer

Dormir, huérfanos ya, en la cama de la neblina

A sabiendas de que ahí, la sonrisa perdió su órbita

Y las campanas de su propio enigma…

Barataria, 14.XII.2008

Soberbia

La soberbia no es grandeza sino hinchazón; y lo que está hinchado

parece grande pero no está sano.
SAN AGUSTÍN

Toma el rostro más locuaz y no se avergüenza si es gloria

O simple desfachatez de la inconciencia; libra batallas crueles:

el espejo consuela las horas oscuras y sugestivas del tiempo

Que transcurre en reavivada llama…

El día se obstina en su ojo absurdo de no ver la cara descubierta

En las palabras que el engaño las torna en azúcares de canela.

Para calmar su sed inagotable asalta la alegría, aunque en el fondo,

No deje ser una sombra que despunta en los oscuros traspatios del sol.

Un día y otro día se pone abrigos de estrellas; alrededor

De los sueños se vuelve un océano de bruma; la lengua columpia

Escaleras gigantes, pero en sus pies hay zapatos de efímera porcelana.

Llena de ramas de agua las sienes opulentas de aire:

A veces me parece que es hija de cuervos; por dentro es otra tinta

La que llueve y canta en las vísceras. Sin embargo, está ahí,

En su buldózer de arqueados hierros, en su mesa sin manteles.

En las calles se le ve como una cascada o como un delfín azul

O como un pavo real con la cresta prolongada.

Un día y otro día traza su semblante en las esquinas, en las calles:

Es una hiena que se nutre de sueños inaudibles.

No disimula la dentadura de espuma que tiene, ni la intriga que prodiga

Esa vida de aborrecidos paraguas…

Nunca ha sido una ventana de sencillos alelíes, ni una casa

Con ventanas transparentes, sino un espacio de aviesa harina.

Inútil es en su incesante y absurda palpitación. Nada la sustenta

En su huracán porfiado, centímetro a centímetro las entrañas

Diezman el propio cristal que la contiene…

¿Qué palabra puede nombrar su barca artificial, y el gesto

De un beso torpe, su hábito de alevoso rostro, su mirar desde un edificio

De hojarascas? La soberbia transpira charcos de elevadas casas:

siempre estuvo fría por más abrigos y música altisonante,

Siempre sacó su cuello de avestruz para agrandar su silueta.

Presencia de papel ha sido, arrogante, casi siempre ha andado

Con una sombra fugitiva; nunca ha tenido memoria,

Sólo le queda la boca para morder la sencillez de la madera.

Un día y otro día cubre con adjetivos los balcones. Es un eco

En la oscuridad de la noche, una huella primitiva.

A cada rato se pierde en el mimetismo del horizonte como un juego

De naipes: ¿Dónde comenzará su deshielo,

Esa forma hinchada de las nubes, la savia recubierta de su cabellera?

Está aquí dentro de los ramajes de la pasión.

En el fondo lleva pasos de cipreses, va patinando humo redondo,

La Osa Mayor brota de su cabalgadura, el Polo Norte es poco alfabeto

En el aleteo del cuerpo que la sostiene.

Un día y otro día los ojos se pierden en las nubes,

El oasis donde gravita devora la brea de sus manos…

Barataria, 17.X.2008

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Leer más de André Cruchaga en: Arte Poética-Rostros y Versos, El cielo a caballo y Cuaderno del Zorzal

Posibilidad de la luz

Posibilidad de la luz

Todavía recuerdo la infancia y sus pájaros. —El frío del amanecer y las sábanas

Invisibles atravesando mis huesos y mi lengua, los días de silencio cuando

Los ríos se volvían imanes y las ventanas que volaban hacia cierto olvido.

El día parecía un inmenso hotel y en sus exteriores el agua inmensa

/de los párpados,

—agua que a veces se contempla con miedo, azogue que el recuerdo hiere…

La luz del día sobre las paredes de adobe, las abejas mordiendo el rocío,

Los colibríes sobre el polen suave de los girasoles, la luz como hormigas

/en el cuenco de mis manos.

—Los pájaros silban en su cama aérea, las túnicas de las hojas manan gotas

De sol, —late la existencia y la música en las mochetas de las puertas.

Ahí, en mi corazón, las posibilidades de la luz son ciertas y sencillas. Ciertas

Sin duda como la fuerza de las verjas que tanto amo en mi respiración

Cuando hago recuento de los cientos de horas, los miles de días de caminar

Atado a los sueños: —¿Qué sería sin ellos, despierto el cuerpo en la oscuridad

Con mi mujer al lado aplacando el frío de mi alma con sus poros

/de habitable oxígeno?

La sed es inmensa cuando el fuego arrecia —existir o no en la respiración

Del cuerpo buscando los ojos de la vida en el olvido, en el recuerdo,

/ y en el viento…

En la luz el ansia fluye estremecida, hondos los encajes del infinito,

Resbalan en el alma, —el rostro se viste de raíces, el desvelo se vuelve

Profundo sueño y el trasfondo de las nubes una posibilidad para desatar

Caminos: —Esos caminos livianos del vuelo que hacen más humano el brote

De la noche y elevan la luz en ojos ciegos.

Ahora, sin tregua alguna, acudo a los recuerdos y me amparo en el agua

De la memoria —también ahí la luz es manantial y mano transparente del tiempo.

En el pecho gritan las campanas. Lo fugaz no tiene consistencia en mis manos.

Avanzo sobre el río constante del futuro, aunque todavía haya días

De herrumbre —aunque todavía, la esperanza sea un boceto de huidizo cielo.

La vida es mucho más que esa generosa igualdad de los seres humanos: —las

Páginas sociales de los periódicos, los cónclaves donde se goza del que sufre,

La imagen de uno muchas veces repetida en el espejo, tocar la Biblia

Y jugar a los tranvías de los silogismos, borrar las aceras de ceniza

/y santiguarse a lo infalible.

Hay tanta luz desperdiciada en la sal. Tantos sueños como lluvia ardorosa,

Tanta sombra en las palabras que la razón tiene vida efímera en la boca

De quien la pronuncia: —pero el día desvela a fin de cuentas a ese que en vena

Rota hace su almuerzo, a ese que cierra las ventanas para que la luz

/no resbale en los vitrales…

Allí al latido de la vida la posibilidad plena: la luz en las sombras, frente

A la altura del tiempo, la luz en su vívido desborde: —desvaneciendo los pasos

Y haciendo visible la mirada mía y del otro, el campo de batalla de las cosas,

Y el aliento inexorable de los días…

Allí cada quien movido por su propia imagen, el mar en el pecho, puede

Extender su sombra o alargar su cuerpo al beso de la luz.

Allí en el fuego de su propio rostro puede mover el mar oscuro de la noche

Y penetrar en los secretos de la risa con sólo la luz

Que irradian los jardines interiores del galope desnudo del cuerpo…

Barataria, 05.VIII.2008

La noche_Poema de André Cruchaga

La noche

…como si descendiera
en lentas ráfagas de claridad

JOSÉ GOROSTIZA

La noche en su página noctámbula, sigue siendo esa hoguera

De esfinge, brazos y mar. Sigue siendo el rostro frente a la luz,

Lo más parecido al hambre y a los ojos cerrados: viviente

Oscuridad de siglos donde se desgasta el oleaje del silencio

Y derrite la dialéctica del destino en su mano de ávida inmunidad.

El gajo de la razón incandescente abre algunas sombras

Del camino: tiemblan las huellas en las ventanas; los mosaicos

De los vitrales hacen perennes los brazos del árbol. Vuelve

Una y otra vez, la praxis de la paciencia, sus mercados, callejones,

Cantinas, vitrinas vaporosas en la historia del yeso:

Animada respiración del aliento que desangra la luz en el rocío

De su desvelada cabellera. La noche en sí misma es un brindis

Del sueño y la vigilia: en sus ojos está la vida, el reparto sutil

De los espejos, la música respirando en el azul visceral

/de lo irrestañable.

—Así se animan los párpados en los grises. Las gotas del tacto,

El eco anverso de ser habitante cabalístico de la noche. La noche

Donde se cuelan inermes pájaros desatando lagartijas, insectos,

Espejismos… De tantas noches la transparencia es posible. Son posibles

Los pasos y los ojos caminando sobre rieles de oficioso cierzo.

Al hervor del agua en la olla del tiempo, los números escinden

El sueño y devoran las llaves de la sangre—es decir, el arca

En su doble ficción de fantasía y zumo o, respiro del zodíaco.

La noche sobre el polvo vive. Ella misma acumula los días

Y atónitos encajes de misterio. —Ella misma con algunos pretéritos

Suena en las vitrinas de las confiterías, en la respiración amorosa

De los santos; sacude la melena del jaguar e incendia el río del habla

Con su derivación de laberinto. Ella es como el fantasma

De las semejanzas de un invierno de bambúes iluminado

Por la respiración de la sal. Entre su verde cocina de reiteraciones,

La esfinge inunda la memoria: íntima la luz, fija el pensamiento,

—Descalza llama— en el irrepetible destino de las ánforas.

Dentro de la luz el origen del aire. Dentro del aire y la noche la luz.

El soplo que transita anónimo en las sienes: ardida ave del alma

En el resuello profundo de la conciencia. ¿En qué piedra la noche

Es sibarita de la transpiración de la historia? ¿Qué cabezas de un

Mismo misterio enfrentan el dualismo del abismo en su cantera,

Ahí donde se anuncia la tormenta y el mecanismo del desatino?

La noche es simplemente la reescritura del día, la liquidez del trino,

O la perplejidad planetaria en un cuadro de Magritte.

Pero qué fantasía tan audaz, —a menudo podría hasta parecer ironía,

Que la noche siendo tal o el día una alegoría,

Estas aguas con tragaluces transitorios se conviertan en ventanas admonitorias

Donde de pronto las manos queman su invocación revelada.

La noche está ahí: la espesura quema los costados de la sal

Y hace del destino renovada suerte…

Barataria, 27.IX.2008